jueves, 9 de junio de 2016

Yo también me hubiese divorciado de Albert Rivera

Vaya por delante que no conozco pesonalmente a Albert Rivera y que me parece un hombre especialmente atractivo. Pero creo que de haber sido yo la madre de su hija también hubiésemos acabado separados.

He visto el "Dos días y una noche" de esta semana y escuchándolo hablar sobre cuánto le apasiona su trabajo, sobre que hubo una época en qu se metió tan de lleno en él que descuidó a su familia y a si mismo, sobre las 12/14 horas que se trabaja en campaña/precampaña... he tenido una visión clara de cómo pudo haber sido el tema.

He visto que, como cualquier padre, el nacimiento de su hija supuso un hito en su vida. Un momento culmen, donde se sintió desbordado de amor. Donde no importaba levantarse a las 2 de la mañana, a las 4... a la hora que fuese y cambiar pañales, dar biberones...

He visto cómo, tras una baja de paternidad, quizá incluso más corta de lo habitual, volvió a un trabajo apasionante, reconfortante y absorbente. He visto que, mientras ella seguía en casa por otras, quizá 14 semanas más, él pasó de levantarse las mismas veces a no ir a casa a comer y a veces ni a cenar.

He visto cómo ella se debatió entre aceptar un amor de padre infinito que sólo se materializaba (con suerte) en media hora de dedicación a tareas mundanas como jugar al pilla-pilla o ver un cuento o empezar la enésima batalla de contabilidad ("¿cuántos pañales has cambiado esta semana?" "¿cuántas veces la has dormido?")

He visto cómo el ascenso de Ciudadanos le hizo estar menos y menos disponible cuando estaba presente, eso sí, mientras su fondo de pantalla eran fotos de su pequeña. He visto cómo sus "obligaciones" sociales le hicieron perderse quizá su primer gateo, la primera vez que se puso de pie, sus primeros pasos. Pero llevaba fotos y vídeos de todo en su smartphone.

He visto cómo ella se atrapaba cada vez más en su vida de madre. Porque cuando uno trabaja por cuenta ajena 14 horas significa que el otro está al menos 6 horas comiéndose solo a ese precioso ser devorador de energía vital. Porque hay días que una piensa que ya no puede desarrollarse profesionalmente porque no quiere estar 14 horas sin su pequeña. Hay días en que piensa que la infancia del primogénito tendría que ser dulce para su madre y no amarga, que esa soledad no era lo que buscaba en la vida, que quizá se ha equivocado de momento, de persona, de decisión. Quizá lo llamó durante una reunión para contarle anécdotas del bebé, él le dijo que no podía en ese momento y nunca le devolvió la llamada. Quizá le dijo que no podía más y él respondió que eso no era posible, que su pequeña era preciosa y pasar tiempo con ella, un lujo.

He visto cómo los puntos en común entre ellos se fueron esfumando. Antes de tener hijos prácticamente es tu trabajo lo que te define... pero a ella ya no le importaba tanto el suyo y el de él... sólo escuchar hablar de ese sueño en el que ponía más ilusión, más tiempo, más ganas... le hervía la sangre... Y sus conversaciones quedaron prácticamente reducidas a reproches, a discusiones acaloradas por la silla del coche, a contestaciones sarcásticas...

Y el amor se rompió.

Ausentarte en una responsabilidad compartida no es más que enseñarle al otro a no necesitarte. Y si deja de necesitarte deja de esperar nada de ti... y si no espera nada de ti... ¿qué os queda?

Decía Albert que él no comprende lo de seguir juntos por los hijos... y así fue... y por supuesto que tienen una relación cordial... porque al final, simplemente, seguir juntos dejó de tener sentido para ambos.

Él tiene la custodia compartida. Pero no tiene tiempo para ejercerla.


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