jueves, 12 de mayo de 2016

Lo estás haciendo bien... ¿seguro?

Con motivo del día de la madre, muchos han sido los vídeos, textos, etc. que he visto en las redes sociales y blogs alabando la labor muchas veces olvidada de las que dan la vida. 

Los pilares de la familia, las primeras en sacrificar... pero también las que a veces pierden los nervios, las que se cansan, las que quieren tener derecho a no ser siempre felices...

Los vídeos y textos justifican, apoyan, tranquilizan por estas pequeñas faltas... se repite que no pasa nada, que lo que necesitan los pequeños es amor y de eso tenemos para dar y regalar... y yo me pregunto... ¿es eso cierto? ¿Basta con el amor? ¿Basta con querer respetarlos aunque no siempre lo hagas? ¿Basta con no gritarles mucho? ¿Bastaría en tu trabajo con intentarlo? ¿Le bastaría eso a tu jefe cuando tu equivocación le costase dinero?

Yo creo que no llega. Ya me vais a perdonar si no estáis de acuerdo. Pero creo que no es suficiente con intentarlo. Creo como imaginaréis que ser madre es un trabajo. Un trabajo de alta preparación, alto riesgo y alta responsabilidad. Creo que formar una persona y lanzarla al mundo es un trabajo sólo comparable con dirigir un país o una multinacional. Con la diferencia de que sólo tienes unos años para hacerlo y que en esos años la jornada es de 24 horas. Creo que si dirigiésemos una de estos imperios, ya sea del dinero o de la política, no iríamos por ahí diciéndonos "no te preocupes", "lo estás haciendo bien". 

Comprenderíamos que se pueden cometer errores y que a veces las consecuencias no se notan, pero otras, los errores se pagan en sutiles marcas para toda la vida.
Entendemos que si fuésemos el CEO de Volkswagen y hubiésemos liado la estafa de las mediciones de humo la empresa lo pagaría caro, pero no entendemos que cuando perdemos los nervios con nuestro toddler un día sí y otro día no estamos creando una persona inestable emocionalmente.

Preferimos minimizar nuestros errores, pensar que no pasa nada, que sólo somos humanos, que toda la vida las madres han gritado y han lanzado la zapatilla y no ha pasado nada. 

Tenemos un miedo atroz a la crítica. Incluso a la autocrítica. Tenemos miedo a confrontar lo que hacemos con lo que realmente deberíamos hacer, quizá porque sabemos que saldremos perdiendo. Y nosotras somos la generación que no pierde, la generación de las grandes promesas. La generación que sólo tenía que estudiar para llegar a ser lo que quisiese. La generación de las oportunidades. La generación de las grandes comodidades. La generación que rechazó de pleno todas las ideas del sacrificio personal, tan ligadas al catolicismo. La generación del "si no te gusta, lo dejas", del "si te hace sentir mal es que no es bueno". La generación del hedonismo.

Y no me malinterpretéis, no digo que yo no cometa errores ni que debamos ser madres perfectas 24-7. Digo que es necesario hacer balance periódico de lo que estamos haciendo. Con valor, con sinceridad. Desnudarnos. Y pensar qué debemos intentar hacer mejor.

Es verdad que ser madre es un trabajo que no se valora. Es cierto que afrontar la maternidad de esta forma, desde el esfuerzo continuo de ser mejor cada día no te va a dar dinero, ni años cotizados, ni cestas de navidad, ni admiración, ni un simple gracias. 

Pero te dará algo que cualquier otra forma de afrontar tu crianza no te da. Tranquilidad. Satisfacción. Porque entonces sí que lo estarás haciendo lo mejor que puedes. Y no necesitarás ningún vídeo apacigua-conciencias que te lo diga.


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