martes, 23 de junio de 2015

Basmati de 8 a 10 meses: la ansiedad por separación

El periodo de los 8 a 10 meses es un periodo muy importante. Es el fin de la exogestación. Los bebés empiezan poco a poco a dejar de ser tan bebés, tan dependientes, a ser uno con la madre y poco a poco van adquiriendo autonomía y personalidad.

Este proceso, el de adquirir autonomía y personalidad es un proceso largo, del que el momento más conocido es el de las rabietas, ya a los dos años, cuando realmente son conscientes de ser otra persona diferente a la madre.

En el momento que nos ocupa las señales de su independencia suelen ser los logros de gatear y sentarse solos. Sentarse solos, ojo, no mantenerse sentados, si no desde la posición de tumbados boca arriba (aunque han de ponerse boca abajo para lograrlo) conseguir sentarse.

Con la adquisición del movimiento, los bebés ven la vida desde otra perspectiva. Antes eran los objetos los que iban hacia ellos (nosotros se los dábamos) y ahora los objetos permanecen quietos y son ellos los que van a cogerlos. Esto supone un gran cambio en su mente, la realidad de que las cosas existen aunque no las vean... y de aquí la angustia por separación. O como dirían los opinólogos: la mamitis.

Basmati y el movimiento

Los que me lleváis un tiempo leyendo estoy segura de que podréis adivinarlo.

Cuando llevé a Basmati a la revisión de los 9 meses la enfermera me hizo 3 preguntas:

  • ¿Se sienta sola?
  • ¿Hace la pinza?
  • ¿Gatea?


No, no y no. Basmati siempre ha hecho las cosas al ritmo que a ella le ha parecido (ya comprobaréis esto cuándo os hable de cómo y cuándo le salieron los dientes) y con esto tampoco iba a hacer una excepción. Yo estaba empeñada en que gatease como en nada en mi vida. Bueno, sí, como lo estuve en darle lactancia materna.

La ponía boca abajo, le enseñaba juguetes, le ponía una toalla enroscada debajo de la barriga, la ponía directamente a cuatro patas, me tiraba de forma que ella me viese con una teta a la vista... por no hablar de que nunca, jamás, never, ever, bajo ningún concepto dejé que nadie la pusiese de pie...
Pero los 8 meses, los 9, los 10 llegaron y ella no gaetaba...

¿Qué os digo? Pues que paciencia... no conozco a ningún niño al que no hayan puesto a andar que no haya acabado por gatear. Lo que sí conozco es pocos padres con la paciencia de tener un niño de 10 meses que no se mueve y no ponerlo de pie "porque es que me lo pedía".

A sentarse sola y a la pinza sí que llegó en ese periodo. Exactamente 1 mes más tarde de lo que quería la enfermera. Mucho suelo y mucha paciencia... y mucho suelo tumbada, no sentada. Empezar a sentarse sola sí que le dio algo más de libertad. Se entretenía bastante en su manta o alfombra en el suelo dando vueltas. De boca arriba a boca abajo, de boca abajo a sentada, jugar un rato, caerse o directamente tirarse y vuelta a empezar.



Es curioso como los bebés repiten las cosas una y otra vez hasta perfeccionarlas.

Basmati, el bebé más enmadrado del mundo

Así como no adquirió el movimiento tan rápido como a nuestra querida enfermera le gustaría, lo que si adquirió fue una tremenda ansiedad por separación. Como sabéis, yo trabajo por las mañanas y ella se queda con los abuelos. No tiene ningún problema con ellos, se queda a gusto, pero no puede despedirme en la puerta, porque lo lleva mal.

En esta época el gran problema es que no quería ver a nadie ni que nadie desconocido le hablase. Y mucho menos que le tocase. Cuando teníamos piscina eran días duros. Si yo quería hacer uso del "servicio" que nos ofrecen a las mamis de vigilarlos mientras nos cambiábamos gritaba desde que yo me alejaba 1 cm. de su silla de paseo hasta que la volvía a buscar. Si las chicas de recepción la cogían en brazos para que se calmase, gritaba más aún. Si un padre me la sujetaba un microsegundo para que yo me pudiese calzar empezaba a gritar. Si alguien en la calle le hablaba y yo no estaba allí suficientemente pegada para que me cogiese la mano, gritaba. Si alguien tenía la genial ocurrencia de tocarle un moflete mientras ella estaba en la silla de paseo y por tanto sin poder agarrarse a mí, gritaba.

Era una situación bastante estresante, que además se solía acompañar de comentarios hacia mí bastante desagradables, todos en la línea de "no va a la guardería, ¿no?" "Uy pues menudo problema que tienes" y eso que mucha de esa gente no sabía que Basmati tomaba leche materna "aún" si no más que me hubiese caído...

La verdad es que yo salía con Basmati, veíamos a gente, veíamos a otros niños... no salíamos todos los días pero sí bastante a menudo. Es decir, que el problema, por más que la gente me intentase convencer de ello, no era que yo la tenía en una cueva encerrada y la niña sufría en el mundo exterior... el problema simple y llanamente, no existe. Es una fase. Una fase difícil de llevar a veces, pero una fase normal de su desarrollo, sin más. 

Cosas a recordar siempre:

  • No os dejéis convencer. La situación no va a mejorar por llevarla a la guardería ni por dejarla sola
  • Si os necesita os necesita y ya está. No os está manejando. Más bien es que no sabe manejar esa situación
  • A toda esa gente que se cree con derecho a deciros que sus hijos no tienen ese "problema" simplemente os recomiendo que la esperéis. Más tarde o más temprano, y es cierto que unos más fuerte que otros, pero todos los niños pasan por esto.
  • Alegraos de ser su "refugio seguro". Y nunca se lo neguéis.
  • Y como siempre, paciencia. A Basmati esta fase se le pasó en torno a los 13 meses. 
Consejo adicional:

Según he leído recientemente, la caja de permanencia (Montessori) les ayuda a gestionar en su mente la idea de la existencia más allá de la vista, no son nada caras y hay muchos tutoriales para hacerlas vosotras mismas, así que si estáis atravesando esta fase, por qué no probar

Las rarezas de los 9 meses

Quizá hayais oído casos extraños de bebés que no dormían toda la noche y de repente empezaron a hacerlo a los 9 meses. Que comían genial y a los 9 meses dejaron de querer comer triturado. Que no querían probar la AC y a los 9 meses se volvieron unos glotoncillos...

No sé el motivo, pero sí sé que muchas madres me han contado historias al respecto... y yo os cuento la de Basmati. La semana que cumplió los 9 meses dejó de querer el biberón. Así, sin más. De un día para otro. Se acabó. Le daban arcadas, no lo succionaba... Durante un par de días no tomó nada a media mañana... al tercer día le dieron un yogur y se lo comió sin problema... y al 4º decidí que en lugar de ese biberón que tomaba a media mañana era mejor que siguiese tomando leche mía. La leche mía en vasito, arcadas también... así que finalmente se la cambié por una papilla con cereales sin azúcares añadidos "ecobio" como dice mi querida Miss Propper (y no, este no es un post promocionado).

Curiosamente, a una amiga le había pasado exactamente lo mismo, aunque ella optó por dejarle el yogur a media mañana. A mí la verdad es que por un lado, me gustaba que tomase buena cantidad de leche materna, ya que hasta el año son lactantes, y la AC es justamente eso, complementaria, y por otro el yogur me interesaba dejárselo como reserva por si se quedaba con hambre después de comer, yo llegaba tarde, etc.



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